Mikado en Plaza de Juan XXIII

Mikado en Plaza de Juan XXIII


Artículo del libro
Historia del Ferrocarril en Ciudad Real

Agustín Jiménez Caro

 

 

REPARACIÓN Y RECONSTRUCCIÓN DE LA MIKADO (1984)

Esta máquina tipo 1-4-1 (un eje delantero, cuatro motrices  y uno trasero) vino de Segovia, pero desde Aranjuez a Ciudad Real la trajeron remolcada con una locomotora diésel tipo 2100 Fernando Muñoz Seco «el Gitano» y su hijo Fernando; tardaron doce horas, porque circulaban a velocidad máxima de 50 km/h, saliendo de Aranjuez vía Algodor y parando cada 10 o 15 km para echar aceite en los cojinetes y caja de grasa para que no se calentara mucho. En el tramo final, a la altura de Fernáncaballero, quedó averiada por un «calentón» y tuvo que desplazarse Froilán Mera a efectuar una pequeña reparación provisional y, con ello, poder continuar la marcha hasta llegar al depósito de locomotoras de Ciudad Real.

La entrada a nuestra ciudad tuvo lugar el 21 de octubre de 1984. El estado en que llegó la máquina solo se puede calificar de lamentable, deteriorada, decadente, etc. En definitiva, esta Mikado daba una apariencia totalmente «ruinosa», como podemos apreciar en la primera fotografía de la siguiente página. Cuando el alcalde Lorenzo Selas se desplazó a Madrid para ver el material que le ofrecían «se deprimió», porque aquello era una auténtica chatarra. Para darnos una idea de cómo estaba el interior de la máquina, fijémonos en el detalle de los mandos de la misma, que aparecen en las fotografías de la página siguiente, y en concreto en el «regulador». El panorama era sencillamente decepcionante, pero la paciencia, el saber hacer y el cariño a todo lo ferroviario, han hecho que, gracias a un pequeño grupo de jubilados ferroviarios, hoy se pueda contemplar para nuestra generación y las futuras Mikado en todo su esplendor.

 

Fotografía de José Jiménez.

Linares, jefe de departamento del Gabinete de Información y Relaciones Externas de Renfe y colaborador en el Museo del Ferrocarril de Madrid², de forma que finalizada la restauración se quedó la locomotora como nueva, incluso apta para funcionar. En la siguiente imagen, la vemos recién restaurada en la placa giratoria del depósito, dispuesta para salir a la vía donde sería cargada en la góndola.

En el año 1986 la Corporación Municipal presidida por don Lorenzo Selas Céspedes decidió instalar este monumento al ferrocarril en una nueva zona ajardinada en la Plaza Juan XXIII del barrio de Pío XII, entre las calles Fortuny y Juan Bautista de la Concepción, al norte de la parroquia Santo Tomás de Villanueva.

 

Traslado de la locomotora por las calles de Ciudad Real. Fotografía de José Jiménez.El ferroviario que la restauró, junto a otros cuatro compañeros, fue precisamente el fallecido Froilán Mera, no recordando este último nada más que el apellido de uno de ellos, el señor Serna, indicando que precisó un vagón de arena, para que, con el correspondiente compresor, se «granallara» toda la máquina, hasta el último y más recóndito de los rincones de la misma, por el estado de abandono en que se encontraba; seguidamente se le dio imprimación a toda ella para posteriormente poder pintarla en todos y cada uno de los colores originales que tenía la Mikado. Toda una labor ardua, minuciosa y detallista que llevaron a cabo de forma altruista varios ferroviarios durante meses. En la siguiente fotografía se pueden apreciar ya los trabajos de restauración y pintura que se iban realizando.

Una vez pintada, había que buscar todas las piezas que le faltaban, que «eran muchas», y con un camión que cedió gratuitamente el Ayuntamiento los ferroviarios iban a buscarlas desde Ciudad Real al Museo Ferroviario de García (Madrid) y allí fueron atendidos magníficamente por don Faustino García.

Linares, jefe de departamento del Gabinete de Información y Relaciones Externas de Renfe y colaborador en el Museo del Ferrocarril de Madrid, de forma que finalizada la restauración se quedó la locomotora como nueva, incluso apta para funcionar. En la siguiente imagen, la vemos recién restaurada en la placa giratoria del depósito, dispuesta para salir a la vía donde sería cargada en la góndola.

En el año 1986 la Corporación Municipal presidida por don Lorenzo Selas Céspedes decidió instalar este monumento al ferrocarril en una nueva zona ajardinada en la Plaza Juan XXIII del barrio de Pío XII, entre las calles Fortuny y Juan Bautista de la Concepción, al norte de la parroquia Santo Tomás de Villanueva.

 

CARGA Y TRASLADO DE LA MIKADO Y SU TÉNDER (1985)

Terminadas las operaciones de restauración, la locomotora fue remolcada por un tractor de maniobras desde el depósito hasta la vía 10, que era la situada más próxima al barrio de los Ángeles, pues precisamente allí existía espacio suficiente para poder realizar las maniobras precisas para sacarla de la vía y trasladarla a su emplazamiento definitivo.

 

Posicionamiento de la máquina por el tractor de maniobras en el lugar de carga. Fotografías de José Jiménez.

Para el levantamiento de la locomotora y el ténder (103 y 64 toneladas respectivamente), se tuvieron que utilizar dos grúas de 80 y 125 toneladas respectivamente y operarios expertos en su manejo. Las grúas tuvieron que situar primero la locomotora y después el ténder en un enorme camión «góndola oruga» de 16 ruedas de tracción, con cabeza tractora marca Mark de 400 cv, cuyo transporte más pesado hasta ese momento fue el reactor de una central nuclear de 350 toneladas³.

Para las operaciones de posicionamiento, levante y carga de la locomotora en la góndola se tuvo que cortar corriente y ripar¹ la catenaria por el elevado riesgo de electrocución a que se exponía el personal que realizaría los trabajos.

En las siguientes fotografías observamos cómo con las dos grúas trabajando a la par y con una acertada coordinación de los dos gruistas y el encargado de los trabajos, que iba dirigiendo las operaciones, iban levantando lentamente la locomotora, para posteriormente posicionarla poco a poco en la góndola. Aunque era una «gran mole», el trabajo fue de precisión.

La locomotora fue trasladada el día 27 de noviembre de 1985 pero, por su gran peso, se tuvo que realizar en dos fases, la primera por la mañana, en la que mediante las dos grúas se posicionaría la locomotora en la góndola comenzando el transporte hacia su destino.

 

Posicionamiento de la máquina en la góndola y comienzo del traslado. Fotografías de José Jiménez.

Para la ocasión, el Ayuntamiento desplegó un gran número de agentes de Policía Local que iban acompañando al convoy y cortando las calles por donde iba pasando. En las fotografías anteriores observamos el posicionamiento final de la máquina en la góndola y la salida del cargamento de la estación. En la foto de la derecha vemos la locomotora entre la vivienda del capataz de Vías y Obras y el edificio de la Gerencia Territorial donde trabajé un año.

La locomotora, montada en el camión góndola, salió por «la puerta de carros» de la estación hacia el Paseo de Cisneros, la Ronda del Parque y principio de la carretera de Puertollano, hasta llegar a su destino final en el Parque de Pío XII.

Fue todo un acontecimiento para nuestra ciudad ver esa enorme mole de hierro negro circular por las calles cortadas al tráfico previamente por la policía municipal. La gente expectante, incluso aplaudían a su paso en algunos sitios. En las siguientes imágenes vemos ya la locomotora enfilar el Paseo de Cisneros y, en la de la derecha, vemos cómo asoma el gabinete sanitario en una edificación realizada en ladrillo visto.

Una vez llegada la locomotora a su emplazamiento definitivo, se realizaron los trabajos de descarga de la misma, pero si en el levante y posicionamiento de la locomotora y el ténder en la estación tuvo que haber una acertada coordinación entre los dos gruistas y el encargado de los trabajos, en el posicionamiento exacto para encarrilar la locomotora y el ténder en los carriles, situados al efecto, la coordinación fue extrema.

En una entrevista que realicé a Froilán Mera en su casa recordaba que costó mucho trabajo, ya que ese día estaba lloviendo y las grúas no eran capaces de encarrilar a la primera, teniendo que hacer varias maniobras hasta que lo lograron.

La segunda fase se realizó por la tarde, con el mismo procedimiento, mediante las dos mismas grúas que trabajaron por la mañana con la locomotora, pero esta vez con el ténder. Una vez colocado en el camión góndola, fue transportado por las calles, haciendo el mismo recorrido que la locomotora hacia su ubicación definitiva.

Una vez descargado el ténder, se realizaron las operaciones de acople y puesta a punto con la locomotora, pudiendo ser contemplado hoy día este monumento al ferrocarril por los ciudadrealeños y conservándose en un estado aceptable, aunque convendría darle un repaso de pintura, comprobando si falta alguna pieza para procurar su reposición.

Recién terminados los trabajos de instalación de la locomotora y el ténder, y por la expectación despertada, un grupo de chiquillos curiosos del barrio se acercaron a ella, pues la consideraron como «un juguete muy grande». En la fotografía siguiente se aprecia este detalle.

 

INAUGURACIÓN DE ESTE MONUMENTO AL FERROCARRIL (1986)

El 17 de junio de 1986 quedó inaugurada la Plaza de Juan XXIII en el barrio de Pío XII, con una superficie construida de 9.000 m², de los que 5.000 m² eran de jardines, en los que se plantaron coníferas, chopos y catalpas, y 3.500 m² de paseo, y todo ello viene a rodear el Monumento al Ferrocarril, es decir a la locomotora Mikado con su ténder, que en principio estuvo rodeada de una zona acuática con peces, para plantarla de césped unos años más tarde. Toda la obra necesaria para la creación de este parque con su monumento al ferrocarril, incluido lo que se pagó por los terrenos, supuso para el Ayuntamiento un coste de unos 50 millones de pesetas.

Precisamente en este día, no conviene olvidar que el barrio de Pío XII fue la ilusión y el empeño de un puñado de ferroviarios de la Cooperativa de la Hermandad Ferroviaria de Acción Católica, que a finales del año 1957 pediría permiso para empezar la construcción de 104 viviendas para seguir ampliando el barrio en años posteriores.

Esta locomotora fue cedida por el Museo del Ferrocarril de Madrid al Ayuntamiento de la ciudad merced a la gestión conjunta llevada a cabo por el alcalde de Ciudad Real y el mencionado Faustino García Linares, que puso en la consecución de esta máquina un gran tesón e interés, indicaba el periódico Lanza.

A la inauguración asistieron, además del alcalde de toda la Corporación Municipal; el gobernador civil, señor Íñiguez Molina; el párroco de Santo Tomás de Villanueva, reverendo Eugenio Sánchez Vega, que sería quien bendijese este nuevo parque; y el señor García Linares, ya mencionado, junto con su esposa y su hijo Carlos, entonces director del equipo de Otorrinolaringología de la Seguridad Social de nuestra capital. Igualmente estuvieron presentes en el acto los trabajadores que habían realizado el parque, el arquitecto que había dirigido las obras, Diego Peris, así como numerosísimo público. En el discurso de inauguración el señor Selas dijo que cuando vio la locomotora antes de restaurar «se desanimó totalmente», pero que los restauradores no le defraudaron, logrando hacer de aquella chatarra esta realidad hermosa que «ahora estáis contemplando».

Vista de la Plaza de Juan XXIII, en el barrio de Pío XII. Fotografía de Herrera Piña.

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