Algunas notas para el recuerdo.
(Proyecto Memoria ilustrada Pio XII)
Antonio del Valle
Cocinas de placa y termos de carbón, a veces de dudosa procedencia, braseros de picón, infernillos de petróleo. La puerta de portal siempre abierta, la de los pisos casi siempre también. En la calles y patios, según temporada, bolas, chapas, clavos, la taba, trompos (Día de los náos trompos y cuerdas al tejáo), un balón “Curtix”, pocas veces de reglamentos, muchas pelotas Gorila. Las chicas; comba, la goma, corros, “al jardín de la alegría” y “las sevillanas todas son”, las hijas de la Sotera cantaban el “Lalala”. A veces un beso robado a las prendas. En invierno siempre una hoguera.
A las doce el Ángelus a las dos el Parte y aceite de hígado de bacalao. En las frías tardes de invierno “Matilde, Perico y Periquín”, parchís, oca, mantecados con mistela, el rosario, “Pulgarcito” en la Ser.
La siesta en verano, calles desiertas, después del camión de riego de la Cooperativa la vida renacía, tras la cena a tomar el fresco.
Con las primeras televisiones, como todo a plazos, neveras, lavadoras, sabanas, mesas y muebles de formica, sillones de eskay, relojes, medallas y collares a plazos, en el salón de la Cooperativa los niños queríamos ser el cabo de “Rintintín” o el cabo Kowalski de “Viaje al fondo del mar”. Cuidaban de nosotros Zamora o Lorente, guardas de la barriada, los mismo que nos regañaban y amenazaban con quitarnos la pelota si soliviantábamos el merecido descanso vecinal. Algunos, afortunados de los bajos, que ya poseían el deseado artefacto lo volvían hacia el patio por la ventana para compartir el invento con la vecindad, “Salto a la fama”, “Reina por un día”, algún partido de fútbol o corrida de toros, mi madre era del “Cordobés”, la señora Dolores acérrima del “Viti”, acalorada discusión, con frecuencia se escacharraba el repetidor de la Atalaya, chafado el evento todo el mundo a su casa.






